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La polémica en el ámbito nacional se ha concentrado en el cambio de Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, la participación de Enrique Ochoa Reza, quien hasta el pasado viernes 8 de julio fungió como Director General de la Comisión Federal de Electricidad, figura cercana al Presidente de la República Enrique Peña Nieto, ha generado un infructuoso y estéril debate respecto a la atribución que el primer mandatario y líder máximo del PRI tiene para designar, proponer, promover y respaldar al líder nacional del partido en el que milita.
El 1 de diciembre de 1994, en su discurso expresado durante su toma de protesta como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Ernesto Zedillo Ponce de León, señaló que “Repito enfáticamente que, como Presidente de la República, no intervendré, bajo ninguna forma, en los procesos ni en las decisiones que corresponden únicamente al partido que pertenezco.”
En base a esa expresión se acuño la frase de la sana distancia entre el PRI y Los Pinos, sucedido en un contexto adverso en la transición de ese momento político ensombrecido por los homicidios de Luis Donaldo Colosio Murrieta y José Francisco Ruiz Massieu, así como por el levantamiento armado en Chiapas promovido por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, en los albores de la crisis económica de finales de 1994 y principios de 1995.
El presidente Zedillo se ubicaba en una situación compleja que quizá en sus cálculos le obligaba a marcar distancia respecto a su antecesor, pero no coincido con apartarse de las decisiones de su partido; puesto que el resultado del distanciamiento fue perder elecciones locales y la mayoría de las ciudades más importantes, incluidas las capitales de las entidades, así como varios gobiernos estatales, la mayoría de la Cámara de Diputados en 1997, la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México ante Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano candidato del Partido de la Revolución Democrática, partido que gobierna la capital del país desde entonces. Y la pérdida de la Presidencia de la República en el año 2000 con Vicente Fox Quesada candidato del PAN.
La sana distancia le costó al PRI perder el poder presidencial y por consecuencia grandes derrotas electorales locales; tras doce años de oposición en el ámbito federal, el Revolucionario Institucional volvió a Los Pinos en la figura de Enrique Peña Nieto candidato de la Coalición Compromiso por México integrada por el PRI y el Partido Verde, quien derrotó por un amplio margen de 3 millones 329 mil 785 votos a Andrés Manuel López Obrador candidato del Movimiento Progresista integrados por el PRD, PT y Movimiento Ciudadano y a Josefina Vázquez Mota candidata del PAN con un margen de 6 millones 440 mil 137 sufragios.
Los 19 millones 226 mil 784 votos que le dieron su confianza a Enrique Peña Nieto para conducir los destinos de México no pueden ser soslayados, puesto que la exitosa campaña electoral le significaron contar con la mayoría tanto en la Cámara de Diputados, como en el Senado de la República, e inició y consolidó el cambio normativo más importante del siglo XXI, en materia laboral, energética, educativa, de telecomunicación, anticorrupción, de competencia económica, de justicia. Es decir, la trasformación del país por medios pacíficos en el ámbito de la representación democrática plena.
El responsable único del proyecto nacional que sucede es el presidente Peña Nieto, los militantes del PRI no pueden regatearle el apoyo político necesario para el cierre de su gestión. Para ello necesita del respaldo pleno de su partido, el cual debe fortalecer y acompañar sus decisiones, para conservar el poder y darle continuidad a su obra de gobierno, esto sucede en las democracias modernas.