El acuerdo político que López Obrador ha signado con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en todo el país no se circunscribe solamente al respaldo electoral que brinda a Morena por parte del magisterio autodenominado democrático, sino también a encabezar tácticamente la estrategia por debilitar a las instituciones del estado mexicano, por medio de la protesta violenta en las calles de la Ciudad de México, en Guerrero, Michoacán, Chiapas y Oaxaca.
De forma por demás predecible, Andrés Manuel prepara el escenario social, que sabe manejar muy bien, rumbo a los comicios del 2018, en los que renovaremos al titular del Poder Ejecutivo Federal y en la que será postulado por tercera vez candidato presidencial ahora por su propio partido político el Movimiento de Regeneración Nacional, que a decir de sus cálculos falló con la posibilidad de ganar cualquiera de las doce gubernaturas que se disputaron en el proceso electoral del pasado cinco de junio; además que también perdió la distancia cuantitativa en la votación en la Ciudad de México contra el PRD en los comicios del constituyente de la capital de la República.
AMLO enfrenta un contexto adverso en termino de votos, son más los que rechazan su proyecto mesiánico, los ciudadanos siguen advirtiendo el peligro que representa su autoritarismo, su violencia verbal, su populismo y la demagogia mostrada en sus propuestas de cambio para la Nación. Ante esa situación, como es su naturaleza, el peje endurece su discurso e intenta una nueva cruzada contra las instituciones, a la cuales debe desprestigiar, debilitar y vilipendiar para poder acceder a Los Pinos en el 2018, puesto que la ruta pacifica, la de las urnas se le seguirá negando.
Por ello fortaleció sus lazos con la CNTE, a quien públicamente refrendo su respaldo político por haber acompañado a Morena en los comicios, a los maestros les dio la misión redentora de combatir la reforma educativa, como una especie de patente de corso para generar disturbios, marchas violentas, saqueos de establecimientos comerciales, quemas de vehículos, secuestros de personas, robos de mercancía, ultraje, trifulcas, agresiones a civiles y a la autoridad y todo tipo de desmanes que los ilustrísimos mentores de la Coordinadora saben realizar muy bien, y que bien hacen el trabajo político encargado por López Obrador.
Los recientes hechos sucedidos en Nochixtlán Oaxaca, dejaron un saldo de seis muertos y más de cien heridos, entre civiles y policías federales y estatales. Los manifestantes de la CNTE agredieron a las fuerzas del orden con armas de fuego, bombas molotov, cohetones y piedras; hechos vergonzosos que iniciaron con el bloqueo por parte de los profesores de las vías de comunicación lo que derivó en la acción de las fuerzas federales y locales para recuperar la carretera; los manifestantes reaccionaron con un intento de emboscar a los policías, los cuales tuvieron que retirarse para evitar un conflicto mayor.
Cualquier manifestación de violencia es reprobable, tanto para quien la ejerce como para quien la incita, en este caso tanto la CNTE como el propio López Obrador tienen una gran responsabilidad. La ambición desbordada de Andrés Manuel está produciendo una crispación social en el sureste del país, eso resulta muy malo, pero dentro de ello, lo bueno es que el padrino de la mafia de la violencia ha dejado ver su verdadero rostro.
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